El origen del olivo se pierde en la noche de los tiempos, confundiéndose su expansión con las civilizaciones que han florecido en la Cuenca Mediterránea. Nos encontramos en una zona reconocida con sorprendentes y cuantiosos vestigios de la cultura ibérica, romana, árabe, judía… entre otras principales.

Las numerosas ánforas del tipo ibero-púnicas encontradas en el poblado ibérico del Cerro de la Cruz de Almedinilla, almacenaban aceite de oliva. De la época romana destacan los restos de prensas de aceite del Cerro Lucerico en Fuente Tojar, verdadera factoría oleícola. Al-Ándalus crea una importante expansión agrícola, fruto del crecimiento urbano, las mejoras de las técnicas agrarias, la introducción de nuevos cultivos y la generalización del uso de los abonos.

El legado de antiguos saberes nos concede hoy, investigando y ampliando esos conocimientos, poder disfrutar de técnicas y calidades que nos permiten optimizar sus beneficios para nuestra salud y paladares.